«UN PAPA acabado»: así llegaron a considerar algunos progresistas de salón al Papa Juan Pablo II, cuando éste cumplió los 75 años. Entre esos está Enrique Miret Magdalena. Él, que no tiene títulos en Teología pero firma como teólogo, y que tiene nada menos que 89 años, se atreve a decir que Juan Pablo II debe jubilarse y que no está en condiciones para realizar el viaje a España. Habría que repetirle lo del refrán, «consejos vendo, que para mí no tengo», porque, curiosamente, acaba de publicar un libro titulado Cómo ser mayor sin hacerse viejo . Las limitaciones físicas del Papa son más que evidentes. Sin embargo, la realidad ha venido a desmontar la consistencia de tales afirmaciones. Justo en el momento en que la humanidad más lo necesitaba, ha alzado su trémula voz en contra de la guerra y de la injusticia internacional. Y ahora viene a España a repetir su mensaje a cuantos quieran oírle: no hay supervivencia sin una ética mundial; no hay paz mundial sin paz religiosa; no hay paz religiosa sin diálogo entre las religiones; el desarrollo es el nuevo nombre de la paz. La medida de una sociedad viene dada por los valores y los ideales que cultiva. Nuestros jóvenes necesitan modelos proféticos con los que confrontarse. ¿Es que los únicos ejemplos que podemos proponer a nuestros jóvenes son los de Gran Hermano, Hotel Glamour o los de Operación Triunfo ? ¿No nos damos cuenta de que es una necesidad del ser humano disponer de modelos con los que confrontarse? Y claro, dime qué modelo miras y te diré qué conductas vas a desarrollar. Después nos extrañaremos ante los comportamientos de nuestros niños y jóvenes, con mucha hipocresía, todo hay que decirlo. En fin, sin duda, Juan Pablo II es uno de esos hombres a los que vale la pena leer y escuchar, aun cuando no siempre estemos de acuerdo con lo que dice.