EN LOS AÑOS 90, las diosas de las pasarelas eran rasas, andróginas, famélicas. Hoy, como es lógico, triunfan de nuevo los contornos opulentos y el barroquismo de la curva. Observadas con ojos actuales, las fotos de Kate Moss de hace diez años nos muestran a una enferma por inanición; una chavala transparente que precisa tratamiento por anemia galopante. En la arquitectura pública que se está haciendo en Galicia vivimos la apoteosis de la caja. Raro es el nuevo museo que no recurre al techo plano, el cubo y el minimalismo. El asunto pasa por moderno y ocurrente. Llueven aplausos, cuando muchas veces se están haciendo aburridos refritos de Le Corbusier (quien, por cierto, murió hace casi 40 años). ¿Disfrutarán los gallegos del siglo XXII con la colección de cubos-Siza que les vamos a legar?, ¿no destapará el paso del tiempo que las formas planas ocultaban en realidad la planicie creativa? Algún día, esta sombría arquitectura Kate Moss dejará paso a lujuriosos edificios, a monumentos de la escuela Gisele Bundchen.