El trauma argentino

OPINIÓN

ABRUMADOS por el presente o asustados por el futuro, los argentinos no han sido capaces de apartar sus ojos del pasado. Sólo así se explica que se hayan condenado a sí mismos a elegir entre dos peronistas el próximo día 18 de mayo, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Porque el peronismo es claramente parte del problema, y también parte de la carencia de soluciones. Sin embargo, ahí está la realidad: los argentinos han preferido mirar hacia aquel viejo ideario que, en un tiempo ya lejano, alimentó la esperanza de fraguar una alternativa propia para toda Iberoamérica (el partido de Perón, fundado en 1946, y el APRA peruano de Haya de la Torre fueron las únicas fuerzas políticas que en Latinoamérica llegaron a tanto). No se ha querido ver, en cambio, la degeneración posterior de una fuerza deteriorada por el chalaneo de sus caudillos y por la abundancia de prácticas avecindadas en la corrupción. La explicación de lo que está ocurriendo, me decía el lunes un bonaerense, «es que hemos decidido castigarnos por tantos errores: tener que elegir de nuevo a un peronista es la expiación de la culpa». Y en verdad, y más allá del humor o del escepticismo, algo de esto debe haber. Porque ni siquiera los viejos líderes peronistas, comprometidos con el pasado, han tenido la generosidad de propiciar sus propios relevos personales, como hicieron en España Manuel Fraga o Felipe González en unas condiciones infinitamente más favorables. También en esto se percibe la miseria de una situación en la que todos parecen aceptar de buen grado el destierro de la ilusión. Carlos Menem y Néstor Kirchner, ambos del Partido Justicialista (peronista), son los candidatos a la presidencia. El primero, de 72 años, presume de haber ganado todas las elecciones en las que ha participado y promete una tercera victoria (con la que igualaría al propio Perón). El segundo cuenta con el apoyo del presidente Duhalde y presenta una imagen menos contaminada , aunque su programa no va más allá de la continuidad respecto del actual Gobierno. Es lo que hay.