LAS TORMENTAS eléctricas son un espectáculo de luz y sonido que la naturaleza ofrece gratuitamente. Espectaculares, magníficas, sobrecogedoras, aterradoras, filosóficas (qué poca cosa somos): distintas visiones de un mismo fenómeno. Las tormentas ponen claramente de manifiesto la sensación de impotencia, lo poco que los humanos representamos ante las fuerzas de la Naturaleza. Las tormentas reviven los miedos ancestrales a fenómenos atribuidos a dioses enfurecidos, a espíritus malignos que nos aterrorizan con sus llamaradas de luz y sus estruendos. Son tres los conceptos implicados en las tormentas: rayo, relámpago y trueno. El rayo es la descarga eléctrica que tiene lugar en la atmósfera, como consecuencia de la acumulación estática de carga en las nubes de tormenta, que sigue una trayectoria tortuosa e irregular, con ramificaciones descendentes que parten de un canal central. El relámpago es el resplandor visible e instantáneo producido por la descarga eléctrica del rayo. El trueno es el estampido o el estruendo (el gran ruido) producido por la descarga eléctrica del rayo. Es decir, el rayo (la descarga eléctrica) produce luminosidad (relámpago) y ruido (trueno). Todavía no hay una explicación clara y definitiva de como se producen los rayos. La más aceptada dice que se generan cargas eléctricas positivas en la zona alta de la nube y negativas en su base. El rayo se produce cuando la carga eléctrica aumenta tanto que se rompe el aislamiento del aire en la nube. El potencial eléctrico alcanza el valor necesario para que el aire se vuelva conductor. El paso de electricidad a través de gases (descarga eléctrica) origina luz y en eso se basan los anuncios luminosos. El trueno se produce por el calentamiento rápido, a elevadas temperaturas, del aire en el canal del rayo, que se expande bruscamente, dando lugar a ondas de presión que se propagan como ondas sonoras.