Vínculo trasatlántico

OPINIÓN

17 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

SON MILES de artículos los que uno ha podido leer en los últimos tiempos sobre el estado de salud del vínculo trasatlántico, que define (o confunde) las relaciones entre Estados Unidos y Europa. Las más contradictorias afirmaciones han encontrado el apoyo firme de intelectuales de reconocido prestigio, de modo que no es difícil poner una buena lista de autores al lado de cada teoría, sea cual sea. Desde quienes sostienen que el vínculo está seriamente dañado y es difícilmente recuperable hasta los que aseguran que está más sólido que nunca, aunque necesitado de algunos retoques o reconsideraciones institucionales (OTAN, ONU, etcétera). Si se repasan algunos datos, la visión mejora. Las relaciones trasatlánticas pueden estar afrontando una crisis (una más), pero el grado de integración económica entre EE.?UU. y Europa se ha intensificado por encima de todos los precedentes conocidos, y la concepción política, por más que se ponga el énfasis en las diferencias (que existen), mantiene unas bases comunes inocultables, aunque ahora se nos presenten hundidas en la ciénaga. Citemos un ejemplo: ni EE.?UU. ni Europa quieren convivir con la amenaza de la proliferación de armas de destrucción masiva. Otro ejemplo: ni EE.?UU. ni Europa quieren un Oriente Próximo condenado a una conflictividad permanente. ¿Por qué es así? Porque ni EE.?UU. ni Europa han dejado de compartir valores e intereses. Por otra parte, ¿de qué EE.?UU. hablamos los europeos? ¿Del de Bush? ¿Del de los republicanos kissingerianos? ¿Del de los demócratas?... ¿Y de qué Europa hablan los Estados Unidos? ¿De la de Chirac, cambiante, multipolar y oportunista, o de la de Schröder, atrapada en el filón electoral de un antiamericanismo coyuntural? La variedad (la pluralidad) es también nuestra forma de ser y de relacionarnos. Dicho todo lo cual hago una vez más profesión de fe: el vínculo trasatlántico sufrirá mil crisis más, pero ninguna acabará con él. Porque, de otro modo, no se entendería nada. Y en particular no se entendería por qué seguimos haciendo tantas cosas juntos, y cada día más. Sería una peculiar forma de estarse desvinculando.