VISTO EL FRENTE de Bagdad, que Bush ya da por terminado, conviene revisar la teoría general del armamento, antes de que la inminente guerra de Siria nos pille en las patatas. Por eso me van a permitir que, tras un sesudo análisis de las batallas, les exponga mis agudas conclusiones sobre tan enjundioso tema. El arsenal de las naciones modernas puede ser de tres tipos: a) armamento de alta tecnología, caracterizado porque no deja un muro de pie ni títere con cabeza y por tener un coste exorbitado que sólo está al alcance de las sociedades opulentas; b) armamento de destrucción masiva, que, aunque destruye mucho menos que el de alta tecnología, suele caer en manos de los pobres, y por eso se prohíbe; y c) armamento corto (Kalashnikov, pistolas, palos aguzados y escopetas), que sólo sirve para hacer tiro al plato con los helicópteros Apache, y abatir un 0,002% de los vuelos de bombardeo. El uso de este armamento también tiene su intríngulis. Si se posee armamento tecnológico se puede hacer cualquier cosa con él: arrojar bombas de racimo sobre las ciudades, lanzar misiles sobre los mercados y hospitales, abatir sin aviso a las mujeres que conducen, arrasar las ciudades llenas de civiles, sembrar el camino de minas personales y lanzar proyectiles de uranio enriquecido, siempre que se haga para provocar pavor y rendiciones en masa y para liberar a vivos y muertos de la dictadura. Si se poseen armas de destrucción masiva, que son las únicas prohibidas, lo mejor que se puede hacer es esconderlas en un agujero, para que las hereden los hijos de los soldados muertos, mientras se manda a un ejército descalzo y mal armado a enfrentarse con los tanques y aviones de última generación y con toda la fuerza destructiva del armamento tecnológico. Finalmente, si se poseen armas cortas y desajustadas, y se utilizan para defender el suelo patrio, se corre el riesgo de ser acusado de hacer guerra sucia, de arriesgar la vida de los propios hijos y mujeres que los invasores quieren liberar, y de acabar en Guantánamo, con los ojos vendados y las manos esposadas.Si usted entiende esto, ya está preparado para hacer política internacional y romper el aislamiento de España, y no tendrá ninguna duda de que la próxima malleira histórica se va a dar en Siria, a la que en este momento le están tomando las medidas. Porque, a diferencia de las armas cortas y de los botes de humo, que usan los pobres, las armas del Pentágono tienen caducidad y consumen mucho petróleo. Y por eso se entiende que quieran gastarlas en plazo y tener petróleo abundante para los carros Adams. Porque, hay que decirlo de una vez, a Bush no lo entiende el que no quiere. Y a Aznar tampoco.