Escalada

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

QUIENES la pasada madrugada, alimentados por el odio, atacaron sedes del PP de Pontevedra y Moraña y un local de la Consellería Pesca de Santiago de Compostela, deberían de estar en Bagdad. Formando parte de las fuerzas militares que estos días invaden Irak. Su violencia y belicismo, con distinta intensidad, no varía mucho de quienes arrasan indiscriminadamente mercados y maternidades, dejando un reguero de víctimas inocentes. Charles de Gaulle acostumbraba a recordar que los fascistas no son todos ladrones y violentos, pero que los ladrones y violentos son todos fascistas. Y ese autoritarismo y ese rencor es lo que los lleva a manifestarse a través de las bombas, sean de última tecnología o de fabricación casera.A estas alturas no vamos a perder ya el tiempo en condenar los ataques. Ocurre lo mismo con la devastación de Irak o con los atentados de ETA. No merece la pena. Las posturas están claras. Pero sí es necesario insistir, una vez más, en el preocupante grado de crispación que vivimos y en el que se mueven como pez en el agua los profesionales del caos y del desorden. Los que tienen como principio que cuanto peor, mejor.Por eso, y al margen de las acciones policiales, todos tenemos un grado importante de responsabilidad para evitar que esa escalada vaya en aumento. De no crispar más. Todos. Quienes tienen por costumbre resucitar a Hitler y a los nazis; los que acusan de incitadores a las fuerzas de la oposición; los que se creen en posesión de la verdad absoluta; los que hablan de batasunización y los que, cada mañana, recurren al diccionario de insultos.Todo esto acabaremos pagándolo. Por eso debemos de ser inflexibles. Antes de que el aire se nos haga irrespirable.