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03 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.VAS a trabajar todas las mañanas. Temprano. Te comes el atasco, el nudo del atasco. Te pasas el día en el polígono. No ves a tu hija. Vuelves tarde, cansado. Eres una persona comprometida y protestas contra la guerra. El fin de semana vas a las manifestaciones y chillas como el primero. Al lado de tu casa, hay una acampada de gente que también protesta contra el conflicto. Tienen más o menos tu edad. A la mañana ni los ves. Están todos en sus iglús de lona. A la noche, intuyes, desde la ventana, la fiesta. No paran. Se divierten como indios siouxs. Ver esa imagen te reconcome la cabeza. Mientras ellos ríen con sus juegos florales, tú tienes que dormir cuanto antes para coger mañana otra vez el coche e ir a trabajar: el atasco, el polígono, no ves a tu hija, etcétera. Al día siguiente, tu mujer te filtra que el primer acampado asoma la cabeza por el iglú de lona pasadas las doce del mediodía. Después montan el show de vomitar en un McDonalds. No es mala vida eso de ser alternativo. Les dejo una pregunta sobre el folio: ¿Quién está más comprometido, el que va a trabajar todas las mañanas, participa en el sistema y encuentra un hueco para protestar los fines de semana o el muchacho que vive la vida, no pega palo al agua y acampa en un parque para decir lo mismo? cesar.casal@lavoz.es