Los desafectos

OPINIÓN

28 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

SON TIEMPOS de memoria. El poder presenta, cada vez más descaradamente, mañas de tiempos vividos. La memoria recuerda. Un hombre solo, una mujer, así tomados de uno en uno, no son nada. Apenas desafectos. Un abuelo y su nieto se encaminan a la comisaría a finales de los años 50 del pasado siglo. Es la presentación ritual de los desafectos al régimen durante las vacaciones del poder en Meirás. El abuelo republicano, a quién con ese ritual se pretende humillar recordándole que su pensamiento no es libre, se enorgullece de su desafección. Lo cuenta Molina en su último libro, pero existe toda una generación testigo de hechos similares que cada hombre llevaba en su soledad.El desafecto de hoy recibe la primera alerta al ver que comparte su no a la guerra con la misma jerarquía eclesiástica con la que ha pasado una amplia época de persistentes desencuentros, mientras el poder, antes coincidente en todo con la jerarquía, disiente.El desafecto sabe que cuando los gobiernos, endiosados por los votos recibidos, se sienten depositarios de una verdad invasora de aquellas otras posibles verdades, y ceden a la tentación de transformarse en regímenes, pretenden que lo natural desde el poder es el control, el sometimiento de la persona. No se equivoquen, no pretenden la dictadura, hoy tan mal vista. Tan solo pretenden un limitado, apenas perceptible, estrechamiento del espacio de respeto y libertad por la opinión contraria. Tan solo desean someter la dignidad y la libertad en un limpio ejercicio educativo: los poderes premian o castigan. Ni siquiera pretenden que sea usted un contrario, apenas un desafecto, porque ahí en ese espacio a usted sólo le queda vivir en soledad Sin embargo, la realidad entrelaza soledades y donde únicamente se encontraba la desesperanza, el sometimiento y el conformismo, alumbra la rebeldía. Se reivindica la dignidad y el pluralismo. El pensamiento propio frente al pensamiento único, la humanidad frente al poder que somete. Y ustedes / nosotros, los desafectos, se encuentran en multitud en la calle reclamando libertad, paz e igualdad. Pero si ustedes persisten en mantenerse en ese plural solidario quizá les pedirán certificado de limpieza de sangre democrática. Los desafectos mejor solos. De uno en uno no son nada.