CADA DÍA es más evidente que el presidente del Gobierno está incapacitado, tanto para reconducir la tensa situación política española, como para restablecer el necesario consenso en nuestra política exterior. Su absoluta sumisión a Washington no le permite disponer del mínimo margen de maniobra para establecer un diálogo serio con la oposición -unánime e insólitamente unida en su rechazo a la posición del Gobierno- ni para formular una política exterior acorde con los intereses nacionales. Su plena subordinación a la política norteamericana lo ha llevado a incumplir sus compromisos con la sociedad española, a ignorar los acuerdos del Consejo Europeo y del Congreso de los Diputados, a dividir profundamente al país y, finalmente, a comprometer a España en una guerra al margen de la ONU, situándose fuera de la legalidad internacional.En estas condiciones, ¿de qué consenso habla el señor Aznar? La oposición no puede legitimar a posteriori una acción militar que viola la Carta de Naciones Unidas y que, al hacerlo, vulnera la Constitución Española.Las condiciones previas para recuperar el consenso consisten en retirar a España de la guerra, restablecer la legalidad internacional y recuperar la centralidad de Naciones Unidas. Pero Aznar ya no dispone de la autonomía necesaria para realizar un acuerdo de esa naturaleza.Tampoco su talante y estilo facilitan el consenso. Un gobernante que tiende constantemente a sustituir el debate democrático por la deslegitimación del adversario y la descalificación política y moral del discrepante, o que identifica sus intereses con los de España y los contrapone a los derechos y libertades de los ciudadanos, no representa precisamente un ejemplo de tolerancia ni un estímulo al entendimiento.