Nada será igual

| ENRIQUE CURIEL |

OPINIÓN

NO HEMOS podido evitarlo. Finalmente la decisión de atacar a Irak se impuso y la crisis política internacional es un hecho. Y lo peor es que no hemos podido impedir que la muerte regrese a las ciudades iraquíes. La mayoría de los españoles nos hemos pronunciado instando al Gobierno de José María Aznar para que no formara parte del grupo de la guerra, para que buscara la paz. Hemos utilizado los instrumentos de una sociedad democrática para que nuestra voz llegara hasta la mesa de los responsables políticos. Hemos ocupado las calles de forma pacífica y el número de ciudadanos que lo hicieron no tiene precedentes. Todo lo que está ocurriendo ha quedado grabado en la conciencia de nuestro país para siempre. Pero una sensación de frustración se ha extendido entre nosotros al creer que nada de lo hecho ha servido para frenar la guerra. Muchos ciudadanos pueden entender que los responsables gubernamentales marchan por un camino y los ciudadanos por otro. Que la democracia no ha funcionado adecuadamente y que los canales de comunicación entre los representantes y los representados se han obturado. Y la crisis que se ha abierto puede tener consecuencias indeseables para la propia legitimidad del sistema democrático. Los responsables políticos, y, especialmente el Gobierno, deben de ser conscientes de la situación y actuar con prudencia, serenidad y plena transparencia en los próximos días. Existe la sensación en una parte de nuestra opinión pública de que no se nos ha dicho toda la verdad sobre los acontecimientos que estamos viviendo y sobre sus causas. Contra lo que nos habían hecho creer desde algunos lugares, la guerra no va resultar ni corta ni sencilla. George W. Bush, con el ánimo de justificarse ante su país, así lo ha reconocido. En consecuencia, todo parece indicar que las jornadas que nos esperan estarán llenas de tensión, angustia y es preciso no perder la calma por parte de todos.Sería oportuno que el Gobierno adoptase algunas iniciativas inmediatas. Las comparecencias de José María Aznar en el Parlamento deberían de ser habituales. Deben de servir para recuperar el diálogo sereno con la oposición, con independencia de la defensa de sus respectivas posiciones sin acusarla de actuar por motivaciones inconfesables. Es preciso mantener la serenidad política y evitar cualquier estallido de violencia en las calles.El Gobierno debe de comprender que los españoles quieren conocer la situación y el lugar para dirigirse a ellos es el Congreso. Y la oposición debe de comprender que la prudencia es necesaria porque a día de hoy no sabemos cómo se desarrollarán las cosas.