ME CONTÓ el buenazo de Alfredo Conde que el ya fallecido embajador francés en Madrid, su amigo Pierre Guidoni, le dijo en cierta ocasión que De Gaulle había ayudado a ETA para vengarse del cobijo prestado por Franco a la OAS. Asimismo, algunos duros y avisados diplomáticos sostienen que incluso en la actualidad el entorno del presidente Chirac se muestra reticente a acabar con la susodicha banda paramilitar, aunque por distintas razones. Sin embargo, aseguran los entendidos, con ser ambiguo el juego que Francia practica en el País Vasco no es nada comparado con el insidioso ataque que ensaya en Cataluña. En este orden de cosas, la línea eléctrica de muy alta tensión (T.H.T. en francés) que hubiera debido alimentar en energía eléctrica a Cataluña -entrando por Aragón, a partir de Francia desde el valle de Louron- con el fin de conferirle autonomía energética respecto a otras regiones españolas, fue finalmente desestimada por Alain Juppé -sin motivo económico consistente, pretextando problemas con los ecologistas-, que prefirió indemnizar a España, cuyos trabajos ya estaban en una fase muy avanzada. El mismo proyecto, auspiciado desde la Generalitat, ha sido relanzado pero pretendiendo que el tendido entre ahora directamente en Cataluña, desde Ariège, vía Andorra. La maniobra -impidiendo que el tendido caiga bajo control aragonés, españoles fieles entre los fieles- es tan burda, tan chapucera que no merece comentario. Pero crucial es comentar que durante el verano de 1997 la Generalitat, ante los devastadores incendios que asolaban Cataluña, recabó inmediatamente ayuda de Francia al tiempo que rechazaba la que le brindaba el resto de España, especialmente Aragón, quizás ateniéndose al pacta sunt servanda que une a Pujol con Chirac a raíz del tratamiento de jefe de Estado que se le dispensó en París.Otro dato del mismo tenor, si bien con injerencias mucho más graves, atañe al suministro de agua potable a Barcelona sin depender de España... pero sí de Francia. Violentando los intereses de sus propios campesinos, clase superprotegida como todos sabemos, los estrategas franceses pretenden trasvasar a Barcelona -con el flagrante beneplácito de la Generalitat, que en este soterrado contencioso ha perdido completamente las formas- el caudal del Ródano, por medio de unas faraónicas infraestructuras, a pesar de que recibe agua de tres centrales nucleares. Lo único que se le ocurrió proclamar a los cuatro vientos a Pujol, para justificar el desaguisado neoimperialista, es que el trasvase representa «el lazo espiritual con Francia» con menoscabo incluso de opciones puramente catalanas como la del Noguera Palleresa, y, por supuesto, la del Ebro. El grado de atrevimiento, para evitar el trasvase desde este vector a Barcelona y asentar el nexo espiritual , ha llegado a extremos inauditos. Se han constatado extrañísimos vertidos tóxicos indicadores de causas exógenas a las empresas ribereñas, sin descartar que expertos en biología terrorista hayan colocado el mejillón cebra, incapaz por sí mismo de romper la barrera marítima, en el Ebro para que la población de Barcelona rechace el agua de este origen dada la capacidad de colonización de depuradoras y redes de abastecimiento que caracteriza al molusco.Para decirlo en corto y por derecho, ¿alguien en su sano juicio puede dudar que los estrategas franceses no estén al corriente del espíritu de desleal degeneración tribal urdido desde la propia España? Sin necesidad de inspirarse en Balance of Power , de Tom Clancy, lo que aquí expongo es simplemente uno de los avatares de la geopolítica a tener en cuenta; podría mencionar otros, como la imposibilidad de asentar duraderamente nuestras inversiones en Iberoamérica sin el acuerdo implícito de EE.?UU. o el sospechoso hostigamiento de Marruecos a España. En cualquier caso, no ofrece gran dificultad comprender, eso espero, que al más alto nivel de responsabilidad política impera la acuciante obligación de sopesar todos los modelos explicativos frente a la presente disyuntiva, todos: tanto los realistas (R) como los agoreros (A). Al estilo de una apuesta pascaliana, considerando que Aznar disponga del modelo explicativo de los pacifistas R (realista) y de mi modelo A (agorero), si apuesta por el modelo R, siendo el verdadero modelo explicativo el A, la apuesta acarrearía consecuencias funestas para España; alternativamente, si apuesta por el modelo explicativo A, pero el más pertinente es el R, las consecuencias del error de elección o decisión, en cuanto coste alternativo o comparado, será mucho menor que en el primer caso.Con estas cartas en la mano, incluso aceptando que la guerra contra Irak es una violación flagrante del Derecho internacional, Zapatero en lugar de tratar a Aznar de missi dominici debería profundizar en las razones que subyacen en los comportamientos estratégicos que los estadistas de fuste tienen que envidar, porque, en cualquier caso, no depende de España cambiar el rumbo de los acontecimientos. Mientras Francia no se decante por una inquebrantable solidaridad intraeuropea, España debe inclinarse sin complejos europeístas hacia EE.?UU. e Inglaterra.Cabe añadir que Alemania, eventual freno al expansionismo francés, es consciente de que su propia reunificación y actual expansión galopante en el este europeo -el Drach nach osten de Federico de Prusia- tienen un precio: Francia debe crecer de forma similar. Esto lo reafirmó simbólicamente Chirac en su primer acto político significativo, en tanto que presidente de Francia, al reanudar las pruebas atómicas -innecesarias, en términos defensivos, por la desaparición del bloque soviético- apuntando con ello que la política exterior de Francia, su grandeur , sólo dependen de París, sean cuales fuesen los posicionamientos y opiniones de sus vecinos y aliados. En definitiva, lo que Ucrania y Polonia son para Alemania lo son Bélgica (Valonia) y España (País Vasco y Cataluña) para Francia.Ahora bien, en geopolítica nunca hay amigos definitivos. Ni siquiera EE.?UU. Y para forjar una alianza de hierro entre la civilización anglosajona y la ibérica, las únicas de origen judeocristiano singularmente vivas y activas, se requiere que España detente a su vez suficiente capacidad de disuasión. No es, en consecuencia, colaboración para acabar con ETA, sofrenar a Marruecos y blindar Cataluña lo que España debe exigir, que también, sino soberanía completa, que incluye el derecho a fabricar la bomba atómica y compartirla con Portugal, a fin de evitar que un único país se engalle, en el corral de la UEM, apoyándose en sus espolones nucleares.