¿SERÁ POSIBLE que haya guerra? ¿Cómo se puede ser modelo de sociedad y actuar contra la voluntad de esos ciudadanos a los que se quería convencer de las bondades del sistema norteamericano? Hace años pasó algo similar. En el 68, los estudiantes universitarios de este país no entendíamos la guerra del Vietnam. Aquel lugar dónde había nacido la declaración universal de los derechos humanos se nos manifestaba como heredero de Al Capone. No queremos que la humanidad resuelva sus conflictos con guerras; y mucho menos que nos hagan participar en ellas, por mayorías parlamentarias a las que se les olvida que, en democracia, representan el sentir de los ciudadanos de la circunscripción electoral, y no del partido, que es mero intermediario para organizar la participación política. Esta guerra traerá colas. No la ganará el más fuerte en armamento, puede que hasta la pierda en el sentir de las gentes y de la historia. Huseín ha conseguido convertirse en la víctima de un coloso sospechoso de intereses económicos, lo que lo convierte en tan despreciable como el propio dictador.Tras la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, se crearon organizaciones para corregir los errores que llevan a la guerra. Hoy, la diplomacia que dirigen desde el Pentágono y la Casa Blanca está a punto de terminar con la ONU y otras organizaciones de encuentro entre Estados para resolver conflictos. ¿Cómo le explicarán los libros de historia a los escolares los motivos de esta guerra y la posición de España? Puede que para entonces sepamos lo que nos han ofrecido a través del Gobierno y qué papel nos tiene reservado el coloso en el mapa geopolítico del mundo. De esta manera, quizá dejemos de ser los ejes de la hispanidad para ser un fleco de la cultura que diseña Coca-Cola o las multinacionales que pagaron la campaña del inquilino del despacho oval.