TODO lo que está sucediendo en torno a la guerra de Irak nos tiene atónitos a muchos, y más a los españoles. Las justificaciones humanitarias, democratizadoras, antiterroristas, antifanatismos, etcétera, se suceden. Una extraordinaria acción de propaganda mediática orienta las emisoras de televisión, las radios y los periódicos estadounidenses. Y los países disidentes son amenazados con represalias, al mismo tiempo que a los buenos se les anuncia el premio. La presión sobre las personas y los gobiernos de cuyo voto depende la declaración final de las Naciones Unidas es también conocida. Un oportuno cambio de candidato en Turquía, un presidente made in USA en Afganistán y el pago de favores y de ayudas que son de justicia se ofrecen como compensación. Creo que los motivos para estar atónitos no son escasos. Pero hay otro tema del que casi no se habla. Me refiero al petróleo, de cuyas reservas mundiales Irak concentra más del 50%. Pues bien, un repaso a las multinacionales presentes en las explotaciones iraquíes y del entorno del inmediato mar Caspio, nos dibuja una geografía marcada por la presencia de Francia, Alemania, Rusia y China, y la ausencia de Estados Unidos. ¿Es una mera coincidencia con la posición ante la guerra? ¿Quiere Estados Unidos asegurar su presencia en el gran pozo mundial del petróleo y eliminar a sus competidores? ¿Los países que actualmente controlan las multinacionales de la energía que Irak produce buscan defender su ventaja? Para mí que en las respuestas hay muchas -demasiadas- razones para dejar de estar atónito.Pero lo que no acabo de entender es la posición de Aznar en todo esto. En este punto sigo estando igual de atónito; pero tal vez sea porque me falta información geopolítica. Como tengo un amigo que sabe mucho de estas cuestiones, le preguntaré; tal vez me saque de mi geoignorancia.