Crispación

OPINIÓN

09 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

NO CORREN buenos tiempos en este país. La televisión pone sobre nuestra mesa malas noticias, amenazas de guerra y fuertes polémicas entre los representantes de los ciudadanos. Será el anuncio de elecciones, o los últimos acontecimientos en las costas de nuestra Galicia, en Irak, o en una Norteamérica que vive instalada en el terrible recuerdo de aquel 11-S, cuando el orgullo y la seguridad del país más poderoso de la tierra se vieron atacados por el terrorismo islámico. ¿Y los ciudadanos no alineados con la política? Está claro que no comparten el estado de crispación instalado en la sociedad oficial. A las buenas gentes les va la paz, la salud, la alegría, las buenas noticias al mediodía, y lo digo por esa manía de nuestra televisión nacional de convertir los sábados y domingos en los escaparates que recuerdan las portadas del Caso en una España profunda en la que se podían comprar canciones de ciegos alusivas a sórdidos crímenes.Recuerdo con nostalgia cuando los políticos repetían: Consenso, serenidad, pactos, vertebración social, concordia. Hoy, en la Cámara Parlamentaria de Madrid, se aplaude el improperio, el desplante, las comparaciones exageradas. Es el momento de los expertos en la descalificación.Decía Emilio Romero que la política tenía mucho de teatro y de basura; a lo mejor es el momento de los desplantes para que no le señalen a sus señorías como imitadores de Don Tancredo.Los medios de comunicación social son los mensajeros, pero podrían ponerse de acuerdo en un ejercicio de creatividad, de tal suerte que, durante una temporada, quedaran prohibidas e inservibles, por obsoletas, todas las malas noticias. Lo que pasa es que a lo peor más de uno se quedaba sin capacidad o sensibilidad para descubrir las cosas buenas que suceden a nuestro alrededor y han dejado de ser noticia políticamente correcta.