Caldera no juega al ajedrez

PEDRO ARIAS

OPINIÓN

08 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

SIEMPRE HAY que cuidar el uso de las metáforas. La metáfora es un escape para no analizar los problemas y sustituirlos por una denominación de lo que parecen. El uso político de la metáfora puede convertirse en todo un arte de la descalificación, si la maldad tiene talento. Pero hay que elegir bien la referencia. No es el caso de Caldera. Ha dicho de Aznar que es como un peón en el juego de ajedrez de los americanos. Haciendo alarde de dominio del juego, dijo que en el ajedrez sólo tienen movilidad las grandes piezas. Que Aznar se ha convertido en un peón atrapado, porque no puede dar marcha atrás. Craso error, se ha quedado en la lección primera. La gente que juega bien, y hay muchos en cualquier tertulia que lo hacen de maravilla, como José Iglesias, el genial cartero de Val do Dubra, o Manolo el sindicalista, o el maestro José Luis, profesor de universitarios. Todos saben que la partida la ganan los peones, las sutiles ventajas sustentadas con las piezas modestas. El valor de un peón depende de su posición. Cuando llega a octava se convierte en dama y puede retroceder adonde le plazca. Entonces es decisivo. Pero en una partida de ajedrez se juega con blancas y con negras, como en el tablero mundial que se escenifica en la ONU. O estás con las blancas o estás con las negras, con Bush y Blair o con Sadam, Francia, Alemania y Rusia. ¿De quien es mejor ser peón? No se puede pasar, el reloj apremia. El mundo actual, como el ajedrez, tiene horror al vacío, a la indecisión. Existe un verdadero problema de un nuevo orden democrático y no es cosa de proceder a simplificaciones.Todos quisiéramos apartar este cáliz. Además el mundo se ha vuelto muy complicado. Queremos los beneficios de la globalización pero evitamos asumir sus costes. Puede obligarnos a pronunciamientos difíciles. Mejor reservar a Aznar el papel del enemigo del pueblo. Y quedarse el papel de los buenos amigos de la gente. Pero hay que ir al fondo. Las dictaduras son la fuente originaria del terrorismo, nacional e internacional. Es la gran enseñanza del siglo XX. Pero ya en el XXI y debido a la disposición del armamento moderno, convencional y bacteriológico, y al uso de nuevas tecnologías, se han convertido en un gigantesco problema . Sería necesaria una alianza internacional para frenarlo y avanzar en la democratización internacional. Una tarea muy compleja, pero que el 11-S ha obligado a su aceleración. Primero neutralizando las dictaduras más peligrosas y después apoyando nuevos regímenes democráticos. Que por propia experiencia sabemos que son dificilísimos de asentar. Pero no hay otra vía. Es una pena que la coyuntura actual coja a Francia y Alemania en plena crisis económica y política; y que jueguen a la compensación de las carencias internas con la apariencia del pacifismo. Como dijo Straw, una amenaza creíble de las principales potencias evitaría la guerra. La paz inteligente por la disuasión coordinada. Los dirigentes deberían explicarlo con seriedad a sus pueblos y no ponerse al frente de sus miedos. Y mucho menos tratar como belicosos a los países con mejor historial democrático, con todos sus errores y excesos, de la historia contemporánea. Precisamente los que han garantizado la libertad de occidente, la posibilidad del ser de Europa, en particular de Francia y Alemania.