Saber y suponer

Carlos Rodríguez Braun

OPINIÓN

SABEMOS que el conflicto palestino-israelí no sólo es terrible, sino que está enquistado y no parece tener visos de solución. Sabemos que las influencias internacionales y las negociaciones de todo tipo no han terminado de dar fruto; esas influencias han sido en algunos aspectos muy negativas, como el apoyo más o menos abierto que árabes y musulmanes brindan a los radicales palestinos, desde quienes les otorgan su simpatía hasta quienes, como Sadam Huseín, incentivan con dinero a los asesinos suicidas. Sabemos también algo más: no sólo que la mayoría de los súbditos de Arafat preferiría el final de los atentados terroristas, sino que también la mayoría de los de Sharon aceptaría la existencia de un Estado palestino vecino, si acaba la violencia. Y ahora, supongamos.Supongamos que en la persistencia del terrorismo palestino desempeña un papel importante el hecho de que la democracia esté ausente en el mundo islámico que en mayor o menor grado lo respalda. Digo importante, no digo crucial: si de algo somos conscientes los españoles es de que la democracia no basta. Pero si aceptamos que la falta de democracia alimenta o facilita el terrorismo palestino, podremos concluir que una democratización de la zona -incluida la de la propia Palestina- pondrá la cosas más difíciles a los asesinos. Recordemos que la opinión pública en Israel y Palestina propicia una solución sin terrorismo.Último supuesto: el desarme de Irak termina muy bien, con un bajo coste de vidas y con la liquidación de la siniestra dictadura de Sadam Huseín, la democratización de Irak y la extensión de la democracia en el despótico mundo islámico.Sí, ya sé que todo esto es mucho suponer, pero recuerde cómo hemos empezado: sin solución alguna para el conflicto palestino-israelí. El escenario que hemos supuesto, en cambio, presenta una.