Mad Max

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

04 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

CONCEJALES, alcaldes, directores generales y ministros: a ninguno he oído casi nunca utilizar la primera persona del plural. Apenas han tomado posesión y ya están todos, dale que te pego, con el «yo he hecho», «yo he pagado», «yo he comprado», como si lo que cada uno de ellos hace, paga o compra no fuera el resultado de una acción colectiva en la que hacen muchos, pagamos todos y nos cuesta a los demás. Hasta tal punto es así, que mientras un cargo público no empieza a utilizar la primera persona para describir lo que hace el departamento que dirige, no puede decirse que haya asumido la púrpura del cargo. Pues la púrpura consiste sobre todo en esa identificación insufrible e infantil entre el cargo y quien lo ocupa. Una identificación, ya lo adelanto, que es la que permite comprender el delirante episodio de la gala de los Premios Max de Artes Escénicas. La Xunta decidió hace unos días retirarle el patrocinio con dos argumentos diferentes. Uno increíble, que le tocó defender al conselleiro de Cultura: la Xunta tenía otras urgencias culturales. El argumento creíble fue expuesto por el presidente de la Xunta: nadie paga para que le saquen los colores. Es Manuel Fraga, claro, quien dice la verdad, aunque esa verdad transparente la incapacidad del presidente para distinguir entre su persona y el cargo que hoy ocupa: pues quien hubiera pagado de haber mantenido la Xunta su palabra no es Fraga, ni el PP, sino todos los gallegos. Por eso, su argumento, que sería razonable si en vez de ser Fraga presidente de la Xunta lo fuera de Zara o de Citroën, resulta inaceptable. La Xunta de Galicia tenía un compromiso y debía haberlo mantenido, pues en política hay que estar a las maduras y a las duras: a hacerse las afotos con los cómicos y, cuando toca, a aguantar sus improperios. En suma, pues, ¡una auténtica insensatez! Una insensatez sólo comparable a la del alcalde de Vigo que, utilizando también como coartada la cultura, decide, de la noche a la mañana, gastarse un pastón de los vigueses, sin explicar qué utilidad puede reportarles ese gasto. Se sabe, sí, la previsible utilidad del gasto para el alcalde y su partido: colaborar en la organización de un espectáculo en que van a zurrarle la badana a la Xunta de Galicia. Pero el problema de tal forma de actuar vuelve a ser aquí el mismo que era antes: que el dinero no es de Castrillo ni del Bloque, sino de todos los vigueses. En suma, pues: ¡otra insensatez! E insensatez por insensatez, miren por donde, podríamos buscar título a esta historia echando mano del de una celebre película: Mad Max . Porque, cuando dicen mad, eso quieren decir precisamente los ingleses: insensato.