Atentados de detergente

OPINIÓN

26 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

LA FORTUNA es una diosa caprichosa. Su ahijada terrenal, la suerte, escoge a sus protegidos con extraños designios. Abandona a los elegidos a su antojo, sin tener presente ninguno de los valores convencionales: ni siquiera el interés público. Y últimamente, oh, misterios, se muestra poco generosa con el Gobierno de la Nación. ¿Qué digo? Anda tacaña, escurridiza, se porta como enemiga. Cómo será la cosa que ilustres escritores de renombre y de querencia aznarista sólo encuentran explicación a la actualidad en la existencia de algún gafe en los aledaños del poder; una especie de mal de ojo que no conjura ni Javier Arenas en los telediarios de fin de semana. Estas científicas reflexiones vienen a cuento de lo acontecido con los presuntos terroristas islámicos detenidos el pasado 24 de enero en Cataluña. Fueron acusados de ser miembros de la terrorífica Al Qaeda. Aznar confesó que preparaban atentados «con explosivos y material químico». Eran casi peores que Sadam Huseín. Y ahora, un laboratorio militar ha descubierto que el peligroso material incautado era algo mucho más peligroso todavía en estos tiempos: ¡material de limpieza! El informe todavía no ha llegado al juzgado, pero pueden ustedes darlo por bueno. Se cae uno de los argumentos preferidos del presidente en su cruzada. Si no tenía mucho crédito en sus diatribas contra Sadam, esto destroza parte de su discurso. Lo dicho: la diosa Fortuna le ha jugado otra mala pasada al Gobierno y, de paso, a la policía. Y la oposición, que no es nada comprensiva con el fallo de la suerte, ya salió a hablar de «bochorno» y de ridículo por boca de ese agnóstico llamado Llamazares. Hay que hacer algo. En lo personal, le he pedido a mi mujer que sólo compre detergentes de marca y granulados, nada de polvo ni líquido: nunca se sabe si nos harán un registro. En lo político, hay que ser indulgentes: un fallo lo tiene cualquiera. Y en lo sobrenatural, hoy es el día clave: la bendición de Su Santidad al señor Aznar seguro que lo libera del puñetero gafe. Y de paso, de los malos pensamientos.