BAJO MÍNIMOS POR EL MAL TIEMPO

OPINIÓN

Galicia volvió a sufrir las consecuencias del mal tiempo. Una intensa nevada paralizó la noche del martes el transporte por carretera y miles de escolares se quedaron ayer sin clase

19 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

En Galicia nunca nieva En Galicia no nieva, ni llueve, ni hay heladas... Por eso no hacen falta más equipos quitanieves, por eso no hace falta advertir a los conductores, por eso no es necesario tomar medidas especiales. Los conductores gallegos no deberían quejarse por pasar unas cuantas horas bajo cero en la carretera. Al fin y al cabo pueden circular gratis por los viales nevados. Incomunicados por carretera La nevada del martes dejó otra vez en evidencia la mala calidad de la red viaria de la comunidad. No hay que olvidar que las vías más afectadas fueron las carreteras nacionales y las dos autovías, que comunican Galicia por norte y sur con el resto de España. La comunidad estuvo aislada por carretera con la Meseta, algo ya demasiado habitual. Conductores sin cadenas Si hubo falta de previsión por parte de las autoridades, muchos conductores también tienen su parte de responsabilidad en las retenciones. Pocos eran los que llevaban en su maletero las providenciales cadenas, esenciales para circular por la comunidad. Este olvido, en invierno y en una carretera gallega, parece, por pura precaución, imperdonable. Pupitres vacíos Seis mil pupitres de las provincias de Lugo y Ourense se quedaron vacíos entre el martes y ayer. Los autobuses escolares no podían circular por las difíciles carreteras de la alta montaña, y sus habituales ocupantes tuvieron que quedarse en sus casas. En este caso, el cierre de los colegios parece mejor que ver cómo los alumnos se juegan la vida en la carretera. Hasta el tren falló Desde niño sé que cuando nieva, el tren es el medio más seguro para viajar. La nieve no lo separa de sus raíles y se convierte en la mejor opción para miles de personas. Pero el martes falló. Primero una avería: mala suerte. Después, la solución no pudo llegar por culpa del mal tiempo y un centenar de viajeros pasaron la noche donde no habían pensado.