JAIME MAYOR Oreja tiene un sentido del humor bárbaro. Sólo así se entiende que ayer viajase a Ferrol para apoyar la candidatura de Juan Juncal y aprovechase el día para molestar a media Galicia. Sólo aceptando su excepcional sentido del humor se comprenden sus declaraciones. Es el humor que transpira Mayor Oreja el que lo lleva a continuar en la política después de rebelarse incapaz de ganar unas elecciones. Esa chispa es la que lo mantiene en la carrera sucesoria de Aznar pese a ser monotemático en sus declaraciones. Ese mismo sentido del humor es lo que hace que ostente la patente de llegar tarde a las sesiones del Parlamento vasco, incluida la de aprobación de los presupuestos. Y esa flema lo ha llevado a asegurar que el PNV es un partido traidor por sacar adelante su proyecto presupuestario cuando sabía que él no podía votar. Ayer, en Ferrol, Mayor Oreja ha vuelto a hacer gala de su excepcional humorismo. Llamó batasunos a cuantos apoyan la plataforma Nunca Máis. Dijo que el Prestige no es una tragedia. Y que Euskadi sufre las consecuencias de grupos como Nunca Máis. Después de años en la actividad pública, todos conocemos la capacidad de Mayor Oreja. La ilusión que transmite es idéntica a la de un cactus. Vive obsesionado con los batasunos, los peneuvistas y los nacionalistas. Y ahora, por lo visto, con Nunca Máis. Mayor Oreja es de una tozudez inimaginable. Ha aterrizado en Ferrol sin saber que cientos de miles de gallegos expresaron sus sentimientos de rabia, irritación y decepción a través de los actos de este movimiento, por mucho que el BNG registre la marca. Y ni siquiera escucha a Martín Villa que, tan acertadamente, viene insistiendo en que con los sentimientos no se juega. Pero de sentimientos, Mayor Oreja sabe más bien poco.