PORQUE ETA sigue ahí. Sí, agazapada, perseguida como nunca por el Estado de derecho, asustada por una presión internacional sin parangón, ETA sigue ahí dispuesta a hacer lo único que sabe: asesinar a cualquiera que no haya proclamado que se pliega a sus delirantes objetivos. Ayer volvió a demostrarlo en Andoain, descerrajando cuatro tiros a un buen hombre, Joseba Pagazaurtundua, guardia municipal afiliado al PSE y miembro del foro ¡Basta ya!, que entró en un bar a tomarse el desayuno. ¡Que gran error! Un gran error porque en Euskadi los no nacionalistas no pueden olvidar, ¡ay! a riesgo de su vida, que entrar en un bar cualquier mañana puede ser como entrar en un patíbulo. ETA lo recuerda a tiro limpio por si algunos lo habían olvidado en las últimas semanas. Que nadie se engañe, dice ETA disparando a la cabeza de un buen hombre: aquí estamos y aquí seguiremos mientras el Estado de derecho no se ponga de rodillas y, entregado, nos dé lo que queremos. Y, en efecto, mermada hasta el extremo su capacidad operativa, ahí están los matarifes, como siempre desde hace treinta años. Y ahí estarán, mientras no se rompan definitivamente los canales de reproducción que hacen que la banda renazca una y otra vez. Mientras algunos mantengan vivita y coleando entre miles de jóvenes de las tres provincias vascas la convicción de que es legítimo aspirar a lo mismo que ETA aspira y que es posible conseguir lo que ETA exige a punto de pistola. Porque sí, la situación del País Vasco se parece cada vez más a aquélla que para la Alemania de 1933 describía Lion Feuchtwanger en el primer gran testimonio ( Los hermanos Oppermann ) de lo que acabaría por ser la pesadilla del nazismo: «Desde fuera el país parecía el mismo de siempre. Los tranvías, los coches, circulaban, las tiendas, restaurantes, el teatro mantenían -obligados en su mayoría- sus puertas abiertas, los periódicos tenían las mismas cabeceras, los mismos tipos de letra. Pero interiormente asilvestrado, acanallado, podrido, el país degeneraba cada día más, la brutalidad y la mentira le roían, la vida entera se convertía en un maloliente maquillaje». Nada más útil para arrancar de cuajo, y de una vez, ese indecente maquillaje que convertir el No a ETA en la consigna de moda en que una semana se ha convertido ese justo y razonable No a la guerra . No a ETA , también, en el pecho de los actores en el Parlamento de Vitoria. No a ETA , también, en los trajes de las modelos que desfilan por las pasarelas Cibeles o Gaudí. Y No a ETA , también, como piden los líderes de los partidos democráticos, en todas las plazas y en todas las escuelas. Sí, con la misma convición y valentía, No a ETA .