La madre empotrada

OPINIÓN

03 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

LOS NUEVOS estilos de hacer televisión y prensa están trayendo consigo una multiplicación de malapropismos y despropósitos en general. Así se pueden oír y leer cosas como éstas: El hermano de un conocido cantante, ahora convertido él también en famoso, explica en un espacio del corazón que lo que le duele es ver a su madre « empotrada en una cama». Es de imaginar el gesto de dolor de la buena señora, quizá más por la difícil postura en que la pone su hijo que por estar postrada en el lecho a causa de alguna enfermedad. No ha pasado un minuto cuando el mismo personaje habla de «un chivo espiatorio ». «Alguien que me cuente...», dice pensando posiblemente en poner a los cabezas de turco en labores de espionaje una vez que dejen de expiar culpas ajenas. Al día siguiente, un periódico informa de que «la lluvia desaliñó el partido» de la víspera, en el que el equipo visitante logró enjuagar la diferencia de goles que en la primera parte había logrado su rival. Y nueva sesión ante el televisor. Esta vez se trata de un concurso. Uno de los participantes hace gala de erudición: «Esto es como el perro labrador, que no come ni deja comer». En apenas un suspiro, la característica más sobresaliente del can del hortelano del proverbio, adoptado por Lope y por Molière, se transmite a toda una raza excelente en la caza y sin rastro de egoísmo en su comportamiento. ¿Y qué decir de la expresión carta ancha, mixtura de carta blanca y manga ancha, que un periódico pone en boca de un académico pulquérrimo que seguramente nunca la pronunció? En resumen: en expresión atribuida a un personaje del mundo del fútbol, « pataca minuta». Y más en un país donde una agenda escolar editada por un Gobierno autónomo dice de quien 'en una reunión parece sobrar o está simplemente como figura decorativa' que es «el combinado de piedra». hablar.bien@lavoz.es