LOS MOVIMIENTOS sísmicos, seísmos, sismos o terremotos son bruscas liberaciones de energía que se producen en el interior de la Tierra y tienen repercusiones en la superficie. Dicen los teóricos que en las profundidades de la Tierra hay una especie de enormes losetas (placas tectónicas) de forma irregular que se mueven lentamente e interaccionan. Cuando la tensión entre ellas es excesiva, se deslizan brutalmente, se insertan una debajo de la otra, etcétera. Como consecuencia, en ese lugar profundo (hipocentro), se libera una tremenda cantidad de energía, que se propaga por la Tierra en forma de ondas. Es como si un ser gigantesco golpease un tremendo gong de dimensiones colosales con un mazo enormemente grande y pesado. Las ondas que se propagan verticalmente coinciden en el epicentro, el origen superficial del terremoto. La propagación de la perturbación se hace por dos tipos de ondas. Las ondas P , que son longitudinales, es decir, vibran en la misma dirección en la que se propagan (sacuden el suelo horizontalmente) y son las más rápidas. Las ondas S , que son transversales, es decir, vibran perpendicularmente a la dirección de propagación (levantan y hunden el suelo) y se desplazan más lentamente. Los terremotos están asociados principalmente a fallas (como la de san Andrés en San Francisco). Las placas quebradas friccionan produciendo ondas sísmicas, de forma equivalente a como lo hace el arco al rozar las cuerdas del violín y arrancarle sonidos. La magnitud de un seísmo se determina mediante la escala de Richter y está relacionada con la amplitud de las ondas registradas en los sismógrafos. Es una escala logarítmica: por cada unidad de aumento de la escala (de 6,8 a 7,8; este último es el valor del terremoto de México), la amplitud de las ondas sísmicas aumenta diez veces y la energía liberada se incrementa unas treinta veces. La intensidad es distinta de la magnitud de un terremoto.