«Manca finezza»

HABITACIÓN PROPIA


TRAS LA catástrofre del Prestige la democracia española vive un seísmo político cuya resolución sólo será posible en las urnas. Al mismo tiempo, asistimos al tramo final del último Gobierno presidido por José María Aznar y a la lenta agonía política a la que se ve sometido Manuel Fraga en su definitivo mandato en la Xunta.En ambos casos prevalece la cuestión sucesoria frente a la voluntad para remediar las dificultades que atraviesa el país, demostrando un desequilibrio a la hora de enfocar sus prioridades por parte de un poder que sólo aspira a perpetuarse.La forma en que se ha despachado la crisis del PP gallego y el anuncio del presidente de Gobierno de presentarse en una lista municipal sin dejar de serlo, no dejan de ser sino dos caras de la misma moneda. La cabeza del Bautista en bandeja de plata en el primer caso. Maniobra de distracción y carne para el circo mediático en el otro.El Partido Popular está exhibiendo su rostro más feo en este momento crucial. Persigue la libertad de expresión y la legítima discrepancia política. Recupera los viejos ademanes autoritarios. Es incapaz de reconocer los propios errores. Abusa de la manipulación propagandística como sustitutivo de la información veraz. No tiene inconveniente en volver a utilizar la lucha antiterrorista como moneda de cambio.Apoya, sin fisuras, las guerras de George Bush y apuesta, en definitiva, por cualquier pócima mágica que lo libere de gestionar los graves problemas que tiene este país.Habrá que recordar al profesor de ciencia política Robert Dahl cuando dice que durante una crisis severa y prolongada, aumentan las probabilidades de que la democracia sucumba ante líderes autoritarios que prometan resolverla mediante vigorosos métodos dictatoriales.

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