Se hizo la noche en pleno día

OPINIÓN

AL MARGEN de algunas otras cosas, con el Prestige se hundieron también los pilares que sustentaban la vida política gallega tras las últimas elecciones autonómicas. Pero la política es así: uno cree que todo está bajo control (o que todo va manga por hombro) y, ¡zas!, un tal Mangouras pone patas arriba la mesa en la que se desarrolla la partida. ¿Que cómo iba la partida antes del Prestige ? Pues, más o menos, iba así: El PP venía perdiendo apoyos (sobre todo a favor de quienes decían no tener su voto decidido) con una extrema lentitud, tanta que los posibles sucesores del actual presidente de la Xunta estaban convencidos de poder dar la vuelta al calcetín y recuperar a potenciales abstencionistas o indecisos con el impulso que cabría esperar del cambio en la cabeza de cartel. El PSdeG se despegaba del Bloque poco a poco, pero también con extraordinaria lentitud, y más por el caos de los nacionalistas, y por el tirón de Zapatero, que por los méritos de un grupo dirigente empeñado en centrar su discurso y su política en temas que preocupan mucho más a los asesores de Touriño que a los votantes del puño y de la rosa. Y el Bloque, en fin, se hundía lentamente, encallado en un devastador conflicto interno y en una política oportunista, difícilmente comprensible para el electorado tradicional del BNG y ajena por completo a los intereses de los jóvenes que constituían su más decisivo potencial electoral. Pero de pronto llegó Mangouras con su barco cargado de veneno y, como decían Les Luthiers, en un desternillante brasileiro, «fez-se a noite en pleno dia». Y, ya metidos en la negra noche del negro chapatote, las cosas comenzaron a cambiar: el PP sintió como el suelo (su confortable suelo electoral) desaparecía debajo de sus pies; el PSdeG como su avance sobre el Bloque se estrellaba contra los muros de una movilización popular en la que un partido socialmente comatoso no podía aspirar a pintar apenas nada; y el BNG cómo su aguda crisis se esfumaba de la noche a la mañana, ahuyentada a golpe de manifestación, y de bandera, terrenos esos -los de la manifestación y la bandera- donde el nacionalismo gallego es imbatible. Aunque nada está escrito de momento, lo cierto es que día a día se van acumulando indicios de que el Prestige podría acabar por llevarse por delante el equilibrio de fuerzas sobre el que Fraga ha construido su poder. Los intuimos los ciudadanos y los saben los dirigentes de los tres grandes partidos de Galicia. Por eso la plataforma Nunca Máis se ha colocado, de pronto, en el centro de todos los intereses y todas las miradas. Porque pasado el primer momento de angustia y conmoción, todo quisque se dedica ahora a hacer sus números.