Man

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

12 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

QUIZÁ Man no fuese ya un ser humano. Quizá un hombre transmutado en pez. Quizá lo que con soberbia de fatua cordura llamamos un loco. Quizá por ello muchos no lo entendían y otros lo querían aun sin comprenderlo. Es difícil comunicarse con quien siempre quiso ser pez y no pescado. Han de ser cosas de la domesticación. Hacía muchos años que había huido de la tierra para fundirse con el mar de Camelle. Las figuras de su museo no tienen aparente valor artístico, sólo aquel simbolismo de su desarraigo terráqueo, volutas de sueño, algas en tierra, como él, retorcidas en mil caracolas, frustradas ahora sin el ermitaño que se fue. Man se estaba muriendo porque los peces viven menos que los hombres, aunque lo hagan mejor y más limpios. Ennegrecidas sus figuras, el simbolismo se hizo añicos. Sucio, otra vez, carecía del sentido que nunca tuvo. En realidad, ya se había ido al fondo hacía tiempo, cansado de pelear con la nada. Descanse en paz.