Intereses diplomáticos de España

| JOSÉ JAVALOYES |

OPINIÓN

BAJA LA PRESIÓN bélica y política sobre el problema de Irak y sube la presión diplomática sobre España en este particular; al menos en el plano de las definiciones concretas, por abrirse su turno de miembro temporal del Consejo de Seguridad de la ONU. La remoción del próximo día 27 como fecha tope para la entrega del informe por parte de los inspectores, desde el rendido testimonio por parte de Hans Blix, su director, de que éstos no han encontrado rastro de armas de destrucción masiva, es cambio de límites que redimensiona los términos inmediatos de la crisis; y cambia el marco de las propias tensiones que la crisis iraquí plantea a los miembros del Consejo de Seguridad. Esa aparente incondicionalidad con que la diplomacia española se alinea con los pulsos y la línea de Washington puede encontrar, en las presentes circunstancias, momentos críticos de alta especificidad. Las renuencias alemanas y las reticencias francesas predisponen para ello; tanto más cuanto que se ha recrecido la insistencia norteamericana en que la realidad de los hechos no se compadece con las conclusiones provisionales de los inspectores. Así, en la medida en que EE.?UU. parece alejarse nuevamente de sus aliados franceses y alemanes por el asunto iraquí, España también se alejaría de ellos. Esta previsión, que se corresponde con el giro diplomático español, plantea interrogantes sobre el sentido y la proporcionalidad de los compromisos contraídos con EE.?UU. ¿Para qué y por qué tanto? Los norteamericanos insisten en decir que no hay almuerzos gratis. Convendrá saber qué están dispuestos a pagar y qué esperamos que se nos pague si, queriendo estar cerca de nuestros especiales nuevos aliados, nos hacemos tan pragmáticos como ellos. Suele decirse, posiblemente con razón, que en política exterior sólo deben mandar los intereses nacionales.