El pequeño comercio fue su gran introductor

JOSÉ MARÍA SEIJAS LÓPEZ

OPINIÓN

HACE UN AÑO por estas fechas, la Navidad compartía su protagonismo en la vida de los españoles con un gran fantasma : el euro. La nueva moneda se presentaba como un reto difícil de afrontar y superar, tanto para los consumidores como para los comerciantes, especialmente para los más pequeños. La introducción física de la nueva moneda fue un momento histórico para todos los europeos, pero un año después nadie puede negar que histórico fue también el papel desempeñado por todo el comercio minorista. Un sector, que pese a las voces que se empeñaron en afirmar hasta el último momento que no estaba preparado para tan importante reto, demostró una vez más su capacidad de formación y de adaptación, incluso contando con recursos humanos y económicos más modestos que otros canales de distribución. El comerciante tradicional, el de la pequeña tienda de al lado, actuó ejemplarmente en el proceso de implantación del euro. Actuó como informador, como tranquilizador y como agente de cambio, pese a las dificultades encontradas en los primeros días y a pesar de coincidir con una época de gran volumen de ventas. Durante todo el año 2002, el pequeño comercio ha seguido desempeñando este importante papel en la adaptación de sus clientes al euro, manteniendo su función informativa y también medidas como la doble indicación de precios en el etiquetado de sus productos. Una recomendación contemplada en el Código de Buenas Prácticas Comerciales, que siguiendo las últimas indicaciones de la Comisión Europea se irá eliminando progresivamente hasta su total desaparición en el mes de julio de 2003. Se trata en todo caso de una medida que vendrá a solucionar uno de los principales problemas que se ocasionan hoy en el día a día de las transacciones comerciales, ya que todavía no se ha producido el paso psicológico definitivo, y todavía los consumidores, que somos todos, tenemos que convertir a pesetas nuestras compras para saber su valor. El balance de este año euro es, por lo tanto, indudablemente positivo para el pequeño comercio en general y el gallego en particular. Sólo un aspecto ha empañado nuestro esfuerzo, ya que se nos ha convertido en objetivo de unas acusaciones que no tienen fundamento. Me refiero a las manifestaciones realizadas en el mes de noviembre por el vicepresidente económico, Rodrigo Rato, culpando al comercio del alza de los precios y la consiguiente subida desproporcionada del IPC. Desde el primer momento manifestamos nuestro total desacuerdo y rechazo a esta responsabilidad. Consideramos injusto que se culpe al comercio de esta subida, cuando la Administración fue la primera en subir el precio de sus productos y existen otros sectores donde realmente no existe competencia y que son los que configuran un mayor gasto para las familias y las empresas, fijando los precios con carácter prácticamente monopolístico. Me refiero al coste de la energía, de la telefonía, de los carburantes, de la vivienda, comisiones bancarias, seguros, sanidad, medicamentos o de la enseñanza, que en su conjunto tienen un mayor peso específico en el cálculo del IPC que los capítulos de alimentación, ropa y calzado. Por lo tanto, esta acusación, tomada como excusa para anunciar el adelanto de la libertad total de horarios comerciales, no se corresponde con la realidad. Por otro lado, una mayor liberalización sólo conseguiría empujar todavía más al alza la inflación, y no al contrario, ya que habría que compensar a los trabajadores por trabajar los domingos y festivos, lo que reduciría los márgenes comerciales y subiría los precios. La otra opción sería mantener los mismos precios para no perder competitividad y, en un plazo breve de tiempo, cerrar. Cualquiera de las dos soluciones es, a todas luces, indeseable. Esperemos que no se llegue a esta situación, ya que como se ha demostrado en el proceso de introducción del euro, el comercio minorista tiene una función, no sólo económica, sino también social, muy importante en la vida de las ciudades. Busquemos a los verdaderos culpables. El pequeño comercio lo único que ha hecho es formarse, modernizarse, informatizarse y, con sus limitados recursos, ha conseguido facilitar la llegada de la nueva moneda a la vida de los españoles. Ha sido, en definitiva, el gran introductor del euro. Prueba superada.