CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
19 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.SON piratas que ensucian el nombre de aquellos que nos emocionaron de niños. Son el brazo armado de los armadores que se forran con sus cargas explosivas. Todo para su bolsillo. Siempre con banderas de conveniencia. Sin dar la cara. Ni un duro para pagar los errores. Nunca una indemnización por sus animaladas. Les cuento una historia reciente. Noche del miércoles, redacción del periódico. Suena la alarma. Un quimiquero se dirige a Pakistán y entra agua en su sala de máquinas. Está frente al puerto portugués de Leixoes. En un primer momento se desvía hacia Vigo. Tiene fertilizante para matar a miles. Está escorado, aunque nada con su motor. Va escoltado por una fragata lusa y por un remolcador que, de momento, no precisa. El barco tiene bandera de las islas San Vicente y Granadinas, en el Caribe. Toda una potencia marítima. Son 116.000 habitantes y tienen 84 kilómetros de costa. Pero sus colores protegen a más de 800 barcos con sus barrigas cargadas de productos químicos, petróleo y gas. ¿Les suena? Modelo Prestige . ¿Nunca vamos a poder dormir tranquilos? ¿Siempre el vértigo de la amenaza? ¿En qué consiste el Derecho Marítimo? El barco, ya lo sabrán, viró hacia Lisboa. Pero la sensación de que el mar es un burdel no nos la quita nadie.