NO TENGO la menor duda en cuanto a las razones por las que el patrón mayor de O Grove y el gerente de la cofradía de Cangas do Morrazo se han declarado en huelga de hambre. Pero tampoco la tengo en cuanto a que hay razones más poderosas para no dar semejante paso, tan extremo, tan penoso y desalentador. La huelga es una herramienta de presión, de la última y máxima presión. No hay un paso más allá con los mismos ingredientes. Es un medio extremo ante una situación que, bajo esa presión, podría plantearse de otro modo más asequible para quienes se sienten poco atendidos y precisan de esa atención que por ellos mismos no pueden alcanzar de otro modo que por la huelga. Es también una acto de omisión en el que se deja de hacer algo porque no se considera suficientemente remunerado y rentable, y para que eso que se deja de hacer tenga un efecto que repercuta en otros y haga en ellos más perceptibles, claras y nítidas, las consecuencias acarreadas por esa carencia o ausencia de lo que se ha dejado de hacer, y respondan en consecuencia. Una huelga de hambre es lo más parecido a una huelga de brazos caídos. Pero no es igual. La pretensión, los objetivos de una huelga de brazos caídos suelen ser económicos o entrar y moverse en ese territorio. Una huelga de hambre es política, y significa que bajo determinadas condiciones y circunstancias políticas, vivir no merece la pena. La pretensión, el objetivo de una huelga de hambre es un designio político. Una huelga entraña algo de lo que se prescinde o cuya acción se pone en suspenso. Y yo no creo que, aquí y ahora, podamos prescindir de esos hombres puestos en huelga de hambre. Esos hombres son imprescindibles, y lo que hacen, lo que dirigen, lo que estimulan es el nervio de la acción. Esos hombres son los líderes en una situación de quiebra de liderazgo, de ausencia, fuga, huelga de quienes debieron hacer y no hicieron, debieron atender y no atendieron, debieron dirigir, estimular, enervar y en nada de eso cumplieron. Cuando el vaciamiento de responsabilidades ha sido resuelto mediante la lucidez y el coraje de quienes vieron inmediata e instintivamente que se les iba la vida, y acudieron con su razón y su fuerza a solventar ese vacío y a impedir que se nos vaya la vida, está claro que lo que no nos podemos permitir es que esa gente ponga su acción en suspenso. Su acción es lo que tenemos, su ejemplo es lo que hay, su dirección es imprescindible. Ya han hecho huelga los otros. Ya ha habido demasiada gente que debió estar y no estuvo, que debió hacer y no hizo, que metió la pata y dijo que la pata no era suya, que tampoco había hoyo donde meterla y que, por lo tanto, no había nada que sacar ni, mucho menos, que enmendar. La gente como el patrón mayor de O Grove o como el gerente de la cofradía de Cangas do Morrazo, gente de viento y agua, gente que es la sal del mar, es la que no debe quedarse en casa ni dejar que cunda el desaliento. Hay otra que, para lo que cunde, más vale que no salga de ella.