Por fin parece que todos empezamos a hablar el mismo idioma al referirnos a la marea negra que enluta nuestras costas. Es una gran noticia. Ya Emerson dijo que «toda violación de la verdad no es solamente una especie de suicidio del embustero, sino una puñalada en la salud de la sociedad humana». Por fin hasta los más remolones, que quizá se creyeron con derecho a confundir la realidad con sus buenos deseos, han empezado a llamar a las cosas por su nombre. A partir de esta realidad, la lucha contra el fuel (un combate que se anuncia largo y esforzado) podrá librarse sin distraer energías en juegos dialécticos, respuestas demagógicas, oposiciones cañeras o prepotencias gubernamentales. Todos a una contra la marea negra y a favor de quienes más directamente padecen sus efectos perversos. Sólo de este modo una sociedad civil que se sintió abandonada por todos, y quizá muy especialmente por el Estado, recuperará su confianza en los políticos como gestores públicos y en la política como medio para alcanzar el bien común. El fuel del Prestige es el verdadero enemigo, y en la hora de bregar contra él no caben cicaterías ni imposturas. Galicia merece ganar esta difícil partida. Ya llegará el momento de balances y responsabilidades.