Aquel 4 de diciembre

OPINIÓN

QUIZÁ haya sido el miércoles uno de los días más memorables de la historia de Galicia. O al menos a mí me lo parece. Uno de esos días para marcar con rojo, y para siempre, en el calendario. Un día para la fiesta y la memoria colectiva, porque se ha mostrado como en ninguna otra ocasión el verdadero talante de los gallegos. Fue el día en que Galicia venció al mar. Mejor dicho, el día en que los hombres gallegos de la mar la curaron de su pus negra. Con sus solas manos. Arrastramos por los caminos de la historia -no sin algún fundamento- tópicos de languidez y conformismo, de sometimiento fácil a caciquismos y clientelismos varios, de gentes prontas al fatalismo inane, al «si no sale bien es porque no le está de salir» o fórmulas similares que explican y disculpan la inactividad, la falsa resignación que facilita el acomodamiento a la adversidad, pero sin resistirla, sin plantarle cara, sin enfrentarla con verdadero afán de vencer, único elemento imprescindible para ganar. Al anochecer del día 4, exhaustos de luchar pero victoriosos, los arousanos decían que habían ganado sólo una batalla. Era cierto. Pero con gente así, que no se retrepa en la palabra imposible ni se escuda en gestiones torpes ni en la falta de medios, con gente así, Galicia ya ha ganado una guerra: la de demostrar que su pueblo es más, mucho más, que los errores -no quiero creer que fue desidia- de sus gobernantes. Por eso el día 4 de diciembre debe subir en rojo al calendario. Por lo menos, al de toda Arousa. Lamento no haberlo visto ese día allí. También porque los hombres de Arousa tienen su propia manera de volver de la mar. Les he espiado muchas mañanas, temprano, cuando enfilan con sus lanchas ría adentro. Recuerdo ahora especialmente a uno, que hoy me parece un símbolo. Un hombre mayor, alto, más bronceado por el trabajo que por el sol. Volvía solo, de pie en el centro de su dorna, con los brazos cruzados y las piernas separadas. Ni siquiera atendía la caña. Miraba la mar en derredor, como el campesino mira sus campos o como el general pasa revista a sus tropas. Con orgullo.