PACO SÁNCHEZ
27 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.NO, si ya lo sé, antes de que me digan nada lo reconozco: la culpa es mía por escucharlos. Ni siquiera valen como excusa los escozores del costurón que reina ahora donde antes se asentaba la muela izquierda del juicio. Ni siquiera esos dolores y esos insomnios deberían haberme arrastrado a semejantes diales nocturnos, pero ustedes ya saben: la carne es débil. Caí. Lo malo no es esto, que le pasa a cualquiera, sino que al sintonizar en zapping constante Hora 25 y La linterna , abandoné el insomnio plácido -que existe- y me interné en un tórrido insomnio cabreado. Hora 25 retransmitía desde Muxía. Coordinaba el programa el mismo locutor o periodista de siempre, sólo que parecía desconocer en profundidad el asunto que allí se trataba. Aquello, con público, tomó aires de mitin de tercera, corregido de vez en cuando por las intervenciones de dos gallegos de la cuadra de Prisa: Antón Losada y Manolo Rivas. En la Cope también enredaban con la tragedia a la misma hora. También decían Yunta donde solemos decir Xunta, y otras lindezas por el estilo. También hablaban al tacto, por aproximación. Si esto sigue así, pensé, en vez de las dos españas, dos emisoras nos partirán el corazón. Me levanté y busqué una pastilla.