Política de Bloques

OPINIÓN

DESAPARECIDO el comunismo, la única política de bloques que ya existe es la que se desarrolla en el interior del BNG, en el que conviven 4 o 5 bloques, por lo menos. Empezando por el que férreamente controla la UPG, auténtica madre del invento y severa señorita Rottenmeier, siempre dispuesta a poner de patitas en la calle a cualquier Heidi alocada que se atreva a romper las rígidas normas de la casa. Visto como se las gasta la UPG, no es de extrañar que otro de los bloques, el de Beiras, haya seguido la máxima que guió a Bertrand du Guesclin, célebre guerrero medieval: la de no quitar ni poner rey, pero ayudar a su señor. Tampoco los de Beiras han puesto ni han quitado, pero han ayudado a quien manda en el Bloque desde siempre, sin obtener a cambio pago equivalente. Y ello pese a que sin Beiras el BNG no sería hoy esa fuerza respetable que se ha ganado el apoyo de una parte sustancial de los gallegos. Los bloques que quedan más allá del beirismo y la UPG son, en realidad, meros ladrillos. Lo digo, sin ánimo de ofensa, comparando tamaño y resistencia. Hay políticos valiosísimos y honestos, como Camilo Nogueira, tratando de aguantar el tirón de quienes han sido sus adversarios durante más de veinte años; hay nacionalistas moderados que están en el BNG por no tener en dónde estar; y hay, en fin, independientes -muchos en verdad- cuya desorganización les permite andar por libre mientras no desafíen a mistress Rottenmeier, pero cuya independencia los convierte en una especie de procesión dos caladiños, cuya utilidad consiste en que hacen bulto y aguantan cirios y pendones sin levantar la voz para decidir qué plegaria ha de rezarse. Todos esos Bloques han sido capaces de convivir mientras el viento ha soplado a favor del BNG. Pero la inclemente tempestad del norte ha frenado aquel empuje y ha desatado en el Bloque una dinámica de la que saldrá tanto más debilitado cuanto más demore la salida: la que lleva a prescindir de quien discrepa con el mando si tal cosa es necesaria para mantener el control del aparato, pese a que esa política pueda traducirse en descenso electoral. Ello debilita más al partido y refuerza a quien está obsesionado por controlar el aparato, en un auténtico círculo infernal donde la mayor debilidad electoral se traduce siempre en más dureza, dureza que genera mayor debilidad electoral y así hasta que alguien se atreve a detener tanta locura. La que en Santiago ha llevado, por ejemplo, a cargarse a dos excelentes candidatos (Encarna Otero y Fernández Leiceaga) en favor de un oscuro burócrata muy conocido en su casa a la hora de comer, sólo porque el segundo era más fiel a la UPG que los primeros.