JOSÉ MARÍA Aznar no acaba de nombrar sucesor inmediato, pero Ana Botella mueve ficha para la carrera por la sucesión a largo plazo. Hasta ahora Ana disfrutaba de una influencia política más allá de la mera presidencia consorte. Pero una vez que José María se vaya, Ana habrá de procurarse una plataforma de poder directo. De momento sólo se deja tentar; admite que Gallardón informe sobre una posible nominación para su candidatura municipal por Madrid en una concejalía sin riesgo. Asuntos Sociales no es Hacienda ni Urbanismo. Parece poca cosa, un simple florero para lucimientos menores. Aunque tiene la ventaja de que es improbable quemarse entre el fuego cruzado de los intereses de verdad. Un primer paso, para adquirir popularidad propia en un escenario político mediocre. Los varones juegan sin inteligencia emocional, las mujeres se masculinizan con el poder, y hay espacio para un discurso feminista tranquilo. Por lo demás, el listón de las consortes de presidente en la política española reciente es más bien bajo. Ni Carmen Polo de Franco ni Carmen Romero de González estuvieron nunca a la altura de las expectativas generadas por sus matrimonios. De Ana se dice respecto a Aznar, como de Hillary respecto a Clinton, que ha sido tan importe en la carrera política de sus maridos como ellos mismos. De ser cierto sería una pena que no bajase a la arena política para demostrar en solitario que el rumor es cierto. De Ana Botella no se puede esperar un talante rompedor como el de la That-cher. Ahora no vivimos tiempos heroicos sino minimalistas. Los grandes retos históricos siguen siendo patrimonio de los anglosajones y en particular de los americanos. Pero no faltan asuntos patrios en los que insuflar nuevas energías y otros talantes. Asistimos a una época de plena revolución de la intimidad y la clase política sigue acartonada en los estereotipos aceptables para el elector estadístico medio. Es el momento de las innovadoras, de las audaces, de las ambiciosas, de las tomadoras de riesgos. Por eso Ana rechaza una concejalía en la capital. Ana nos quiere gobernar en serio. Y como corresponde a la estrella del baile, declina la prematura solicitud de Gallardón. Además no sería elegante el hacerlo precisamente con un viejo adversario de su marido. Para una mujer la forma es el fondo, es estilo el mensaje y comenzar con una traición simbólica evidenciaría un desamparo, una desconfianza en sí misma y unas ganas de engancharse, que sólo exhiben las desesperadas. La mujer del presidente no puede ser políticamente fácil. Ana Botella lo sabe y ha utilizado la invitación como un mero sondeo de opinión a la espera de las reacciones a la primicia. Al fin y al cabo Arriola no está para encuestas sobre la primera dama y los asuntos confidenciales no se deben encargar a los demás. Cúidate Ana de las envidias. De los hombres y de las mujeres, en particular de los miembros de la clase política. No olvides la vieja máxima popular «el peor enemigo, el de tu oficio». Desvela tus cartas y arriesga ya desde el principio. Preséntate al Congreso por tu tierra, Valladolid. Entra en el foro del poder desde Castilla y León y hazte valer en un ámbito donde tendrás un eco propio al margen de concesiones mediáticas. Disputa la portavocía del Grupo Popular en el Congreso. Esa sí que es una meta que valdría la pena, una lanzadera a tu medida. Por lo demás, no te olvides de formular un programa electoral lustroso y en política económica sigue los pasos de tu marido.