Bajo sospecha

OPINIÓN

UN REPRESENTATIVO sector del empresariado lucense anda estos días empeñado en explicar por qué la provincia de Lugo va como va. Y lo hace con insultos, con amenazas, descalificaciones, denuncias, ofensas e improperios. Un espectáculo difícilmente superable. Antiguos responsables de la Confederación Empresarial Lucense tratan de demostrar, por cierto con escaso éxito, lo que resulta prácticamente indemostrable. Que durante su gestión no se acumularon pérdidas por más de cien millones de pesetas, que no alquilaron locales a empresas inexistentes, que algunos de ellos no eran copropietarios de esos locales, que no existían duplicidad de contratos y que la concesión de subvenciones está suficientemente clara. Estos empresarios que un día, invocando el futuro de progreso de la provincia, accedieron a cargos de responsabilidad, se parapetan ahora en que son víctimas de campañas de linchamiento y de difamaciones injustas. Nada dicen de la utilización de la institución para promoción personal y familiar. Menos aún del padrinazgo del que gozaron para sus negocios privados. Quienes hoy se encuentran bajo sospecha son empresarios fracasados que, en algunos casos, dilapidaron grandes imperios económicos. Son aficionados que en su momento buscaron la institución empresarial como paraguas protector. Son, en definitiva, el paradigma de desmañados que ni la provincia ni el empresariado en general precisa. Las actuaciones de este granado sector del empresariado de Lugo, que han provocado la intervención de la Fiscalía, se encuentran claramente definidas y calificadas en cualquier enciclopedia, diccionario, manual de ética y libro de texto. Y tipificadas y sancionadas en el Código Penal.