Veinticuatro años acojonados por los tiros en la nuca, las bombas, la persecución, el acorralamiento y el vacío. Veinticuatro años huyendo de una minoría que se adueñó de las calles, de las tabernas y del aire por transigir en exceso creyendo que con ello se calmaría la fiera. Veinticuatro años teniendo que mirar a otro lado, hablando en voz baja, disimulando. Veinticuatro años acobardados. Veinticuatro años sin libertad. Veinticuatro años forzando al exilio a más de doscientos mil vascos. Veinticuatro años con el ex jesuita apelando al sempiterno victimismo, cuando las únicas víctimas las ponen siempre los de un lado. Veinticuatro años recogiendo nueces. Ni una más. «No se puede obviar la situación actual de persecución y amenaza que se extiende sobre una parte importante de la ciudadanía vasca por el simple hecho de expresar sus ideas. Esta debería ser la prioridad absoluta del Gobierno vasco», le recordó a Ibarretxe el Círculo de Empresarios Vascos, para quienes lo que se necesita en esa tierra es hablar de la economía, las empresas y, sobre todo, del futuro. La patronal Confebask abundó en lo mismo y dijo que el plan del lendakari «podría desembocar en la fractura y el enfrentamiento social». El apéndice de Arzalluz, ajeno a todo, insiste en su propuesta de Estado libre asociado, calificado por Savater de majadería y «payasada innoble» que nadie se tomaría en serio si no fuera por la continua amenaza de ETA, el único factor que deslegitima cualquier propuesta independentista que surja del Gobierno vasco y de su Parlamento. Por primer vez en la democracia, el nacionalismo vasco en el poder se ha encontrado enfrente a un Estado y a los dos grandes partidos nacionales y por primera vez la mayoría de los españoles y más de la mitad de los vascos se han dado cuenta de que el PNV no es parte de la solución sino del problema. Sólo queda jugar bien las bazas hasta situarlo en su sitio: en el de los tramposos y mentirosos. Sin ambigüedades. Ellos a un lado. Al otro, los constitucionalistas como los que se manifestaron en San Sebastián bajo el lema «Nacionalismo obligatorio no, Constitución y Estatuto sí».