MENOS MAL que el presidente Fraga tuvo a bien explicarnos lo que José Luis Baltar había querido decir y no dijo. Menos mal. Porque nos hubiéramos quedado con una idea equivocada. Cuando Baltar dijo que «se facemos caso ó Consello de Contas fastidiamos ós paisanos», no quiso decir esto, sino otra cosa. No sabemos muy bien qué, pero otra cosa. Menos mal. Uno no tiene rubor en confesarse fiel admirador del presidente de la Diputación de Ourense, desde el mismo día que supo de su existencia. Por su forma de entender la vida, por el modo de gestionar, por su lucha por llevar a la provincia en el furgón de cola, por su claridad de ideas, por su habilidad tejiendo redes, por la elegancia en vincular la Administración con los suyos y por su inmensa simpatía personal. Y uno sabe también que las cosas no son como se perciben. Pero, sin embargo, hay que reconocer que tenemos ciertas dificultades para entenderlo. El último informe del Consello de Contas, detectando numerosas irregularidades contables en el órgano provincial, nos ha llevado a interpretar mal las palabras de justificación del presidente ourensano. Nos ocurrió lo mismo cuando la Justicia le ordenó la repetición de unas oposiciones o cuando Pachi Vázquez denunció 296 casos de enchufismo. No lo entendemos. Nos ocurre cada vez que alguien pone de manifiesto la forma en que Baltar acostumbra a gobernar la Diputación que preside. Cuando Baltar dijo que si le hace caso al Consello de Contas fastidia a sus paisanos, no quiso decir que el Consello sea un invento macabeo. Ni que las normas e instituciones estén para saltárselas. No. Quiso decir otra cosa. Porque claro, si no fuese así, entenderíamos también que si respetásemos el Código de Circulación nunca llegaríamos puntuales a una cita. Y que si le hiciésemos caso al Código Penal no se podría robar.