LOS analistas financieros están consiguiendo el milagro de que ya no sepamos cómo está de verdad nuestra propia economía doméstica. Con cuatro millones de familias españolas atrapadas en la Bolsa y no se sabe cuántas beneficiadas por el boom inmobiliario, ya teníamos bastante confusión. Pero ahora la incertidumbre y la perplejidad han ido a más: esta semana hemos sabido también que el consumo privado ha caído y que la mayoría de los hogares tiene problemas para llegar a final de mes. ¿No estábamos en que nuestra economía va viento en popa, con un crecimiento superior al de los países europeos más relevantes? Ahí estábamos y ahí estamos, al parecer, porque el ministerio de Economía insiste en que atravesamos una gradual flexión al alza del ciclo económico. Y más aún: que esta recuperación se consolidará en el 2003 con un crecimiento del 3%, con un rápido crecimiento de la inversión empresarial y, también, aunque más lento, de la actividad industrial. ¿Por qué andamos entonces tan mohínos y desconfiados a la hora de soltar nuestros euros? Sin embargo, si se ha vuelto tan difícil llegar a fin de mes, ¿cómo seguir alegres y confiados? No consigo entenderlos, señores analistas. Y cada vez menos.