Dumas escribió la historia

RAMÓN CHAO

OPINIÓN

ALEJANDRO Dumas nació el 24 de julio de 1802, el mismo año que Víctor Hugo. Se celebró pues el bicentenario del nacimiento de ambos escritores. Los dos son hijos de generales y esclavos de la escritura, pero mientras a Víctor Hugo lo siguen leyendo los eruditos y enseñando en los liceos, al segundo, Alejandro Dumas, lo leen las capas populares. Es un escritor de ferrocarril, diríamos que de cordel. Y sin embargo, el autor de Los tres mosqueteros , de El conde de Montecristo y otras novelas de capa y espada, entró en el Panteón de hombres ilustres franceses, donde ya reposaba su amigo Víctor Hugo. Ya que mencioné El conde de Montecristo les contaré que si una gran marca de puros habanos lleva ese nombre, es porque en los ingenios cubanos, cuando aún no había radio y menos televisión, un lector subido en una tarima, como un cura en el púlpito leía novelas, leyendas o obras de teatro a los trabajadores. Y lo que estos preferían ante todo era Romeo y Julieta y El Conde de Montecristo , que todavía siguen existiendo por encima del tiempo y de revoluciones. El fabuloso Dumas conquistó el escenario y la literatura a punta de pluma y con más de seiscientos títulos. Amante apasionado, tuvo innumerables mujeres, dejando dos hijos de madres diferentes. Dícese que en una época tuvo veinticinco amantes al mismo tiempo. Él explicaba que lo hacía por humanitarismo: «Si tuviera una sola, moriría extenuada al cabo de una semana». A uno de sus hijos se le conoce por su nombre, Alejandro Dumas también, pero se especifica su personalidad añadiendo hijo, y es el autor de la conocida Dama de las Camelias , contemporánea de nuestra querida Carolina Otero. Heredó una historia, un temperamento efervescente, un mestizaje que asumió con orgullo. Le venía de casta. Cuenta en sus Memorias que Bonaparte había ordenado a su padre que aplastase la rebelión capitaneada por Toussaint-Louverture en Santo Domingo (que cuenta Alejo Carpentier en El reino de este mundo ), el general Dumas le contestó: «Ciudadano Bonaparte. ¿Olvida usted que mi madre era negra? No puedo obedecerle. No puedo imponer cadenas a gente de mi raza». Alejandro Dumas es un extraordinario creador de imágenes, y de lengua suelta, como muestran dos anécdotas que se le atribuyen. Cuando le echaron en cara su ascendencia negra (su abuela era esclava y trabajaba en casa de su amante, su abuelo), Dumas contestó: «Así es, mi padre era mulato, mi abuela era negra y mis bisabuelos chimpancés. De forma, señor, que mi rama comienza como empieza la suya». A otro que le reprochaba haber violado a la Historia, respondió : «En efecto, pero le hice muchos hijos». Digamos que no fue Víctor Hugo quien inició el teatro histórico, sino Dumas con su obra Enrique III y su corte , estrenada en 1829. Con ella se inició su fama. Incluso si su obra es desigual, revela el temperamento ardiente de su autor, su imaginación, que le lleva a inventar una Historia de Francia tan verdadera hoy como la que pudiera ser auténtica, si existiese alguna historia auténtica. Apasionado por la Historia, quiso desempeñar en ella un papel activo, y ferviente republicano, participó en la revolución. En 1830 ayudó a levantar una barricada en la calle du Bac en París. El general La Fayette lo envíó a buscar pólvora a Soissons y regresó a París cargado de municiones, siendo recibido como un héroe... Numerosos críticos literarios fueron y son severos con Alejandro Dumas, negándole un lugar eminente en el campo de las letras. A ellos contesta el gran Víctor Hugo en una carta dirigida a Alejandro Dumas hijo: «Su padre nos seduce, nos fascina, interesa, divierte y educa. Todas las emociones patéticas del drama, las ironías y profundidades de la comedia, los análisis de la novela, las intuiciones de la historia, se encuentran en la sorprendente obra de su padre, construida por ese enorme y ágil arquitecto».