El voto de la compresa

OPINIÓN

04 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

CUANDO Felipe González era presidente, (es decir, en el pasado siglo), le escuché un lamento: la gente abusa de los servicios gratuitos del Estado. Citaba como ejemplo los dodotis. Por aquella época, los jubilados consumían 9.000 millones de pesetas en dodotis, recetados por los médicos de la Seguridad Social para quienes sufrían contención de orina y que, seguramente, consumían sus nietecitos. «¿Tú crees -me preguntaba- que hay tantos ancianos con tanta contención de orina?». Y yo, pobre de mí, no tenía ni idea. Me he fijado después, y González nunca se quejó públicamente del dispendio. Es natural: sería impúdico airear estas pequeñas corruptelas de los mayores cuando estábamos viendo las grandes corrupciones del poder. Pero aquel día empecé a entender el alto valor político de los productos de higiene de salva sea la parte. Cuando el político está en el poder, le preocupa el coste. Cuando está en la oposición, le preocupan los consumidores. Y así, después de muchos años de gobernar, el partido de González descubrió hace meses que las compresas y tampones tienen IVA de artículo de lujo. ¡Cotizan como una obra de arte! Una compresa, para el Estado, es como un Laxeiro. Aznar entendió el mensaje. Ayer recogió el guante, hizo la justicia de la compresa y rebajó su IVA. ¿Qué esto les parece anecdótico? Se equivocan. Es histórico. Creo que es la primera vez que este Gobierno asume una petición no pactada de la oposición. Para entender su importancia, hay que hacer algunas comparaciones. La prensa denuncia los precios de la vivienda, y el Gobierno no hace nada. Los datos denuncian la destrucción de empleo, y no pasa nada. La oposición denuncia los defectos de la Ley de Calidad, y no se cambia una coma. Pero se habla de higiene de señoras, y se rectifica, aunque ponga en peligro el romántico objetivo del déficit cero. Nadie sabe la cantidad de votos que se esconden en un tampón.