CARLOS G. REIGOSA
04 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.VIVIMOS un tiempo de extrañas burbujas que, a diferencia de las tradicionales del champán, cada vez que estallan se llevan por delante el tenderete de nuestras mejores expectativas. Cosas del cambio semántico de la palabra. Todavía no hemos superado las consecuencias de la burbuja bursátil creada por los magos de Internet, cuando se nos empieza a hablar de otra burbuja, inmobiliaria, que estaría configurándose en un horizonte próximo. ¡Como para amanecer tranquilos! Por si todo esto no bastase, la palabra recesión ha empezado a aumentar en uso y en densidad en los medios de comunicación, y no faltan gurús que quieren quitarle el puesto al profeta Jeremías con sus negativas premoniciones. Los mismos gurús, en algunos casos, que antes nos prometieron el paraíso con acceso directo por Wall Street. Son las consecuencias de un mundo globalizado en el que todos padecemos los mismos males al mismo tiempo, y nos desorientamos abrumados por tanta burbuja y tanta predicción fallida. Mientras en España, para seguir siendo diferentes, se incrementa nuestro patrimonio de insomnios con una nueva amenaza: la burbuja nacionalista vasca. Que Dios nos proteja, ¡y que vuelva a correr de nuevo el champán!