03 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.
Cuando menos, chocante. Por no decir algo más fuerte. Esa es la sensación que me queda cuando abro el buzón de mi casa y, con la correspondencia que me envía la entidad bancaria o de ahorro con la que trabajo, me llega un folleto de alguna ONG animándome a hacer alguna donación para el Tercer Mundo, por pequeña que sea. Cierto que toda ayuda es buena, venga de donde venga. Pero, ¿no sería más lógico que fuese la propia entidad bancaria la que aportase el dinero necesario -o, al menos, una suculenta cantidad- para la realización de las acciones humanitarias? Porque, créanmelo: la Banca, en este país, tiene muchos más posibles que nadie. Se lo digo yo. A. M. M . A Coruña.