Localismos de caracol

GERARDO G. MARTÍN

OPINIÓN

OTRA VEZ cabalgan los localismos por Galicia, a lomos del proyecto de presupuestos del Estado de 2003. Antes la montura fueron las implantaciones aeroportuarias, objetivamente excesivas por la proximidad entre Alvedro, Labacolla y Peinador. O el caso de las universidades, que parecerían guarderías infantiles por el empeño en acercarlas tanto al usuario, lo que se ha mimetizado también en el mapa de titulaciones -que Fraga, con acierto, ha urgido reestudiar-, donde hay casi 70 repetidas, un auténtico dispendio de los fondos públicos. Ojo, porque, como observaba el ex-rector Ramón Villares en Al final del día , la tertulia diaria de Radio Voz, no se puede pensar en promover únicamente carreras que ofrezcan salidas laborales; despreciaríamos actividades necesarias a la sociedad, como la Antropología o el Latín. Nuevas patrias En tanto españoles, no sólo los gallegos hemos cometido la estupidez colectiva de eliminar de nuestro vocabulario la palabra España, para usar el eufemismo este país o Estado español . Y hemos dado la espalda a los símbolos patrios. Por contra, muchos han hecho de su pueblo o ciudad un bastión. Desde la insolidaridad incluso con los más próximos -que suelen ser a los que menos simpatías tienen- y cerrando los ojos a la evidencia de que en el reparto presupuestario, cuando les toca mucho a unos -porque lo necesitan- no les puede corresponder tanto a los otros. Olvidando que la prosperidad de entornos inmediados, las más de las veces se puede convertir en un efecto positivo para nosotros mismos. Localistas éstos que, como los caracoles, creen caminar seguros encerrados en su concha, sin advertir la relatividad de las cosas: la protección no es tan fuerte como para evitar que el leve pisotón de cualquier hombre pueda destrozarla. Y arriesgándose a que su mezquindad les lleve a andar y progresar tan lentos como los mismos caracoles.