CREO que ha llegado el momento de repasar esa toponimia que cuelga de los indicadores de nuestras carreteras y corregir errores y torpezas. Las barbaridades son abundantes, y algunas de ellas tendrían su gracia si no fuese por el despiste al que inducen. Sin salir de los límites de mi Pastoriza luguesa traigo a colación dos casos ilustrativos. En la capital municipal puede leerse en un indicador: «Guizás». Quiere decir Guizán, pero no importa, porque el conductor tampoco encontrará esta localidad, que ahora comparece bajo el nombre de Loboso, en plena sierra de A Corda. Más llamativo es el nombre que le cayó en suerte a mi querido Buzarrei. Los vecinos se quedaron pasmados cuando vieron que su pueblo se llama ahora Voz del Rey. Pasmo que compartió el sociolingüista Dino Pacio Lindín cuando lo vio por primera vez: «¡Manda carallo!». Cerca de allí vive Primitivo Iglesias Sierra, coautor del Diccionario Xerais, que conoce bien la palabra buzarro (niebla espesa) y que la concibe, con idea lógica, vinculada al topónimo. A comienzos del siglo XIII un clérigo escribió Buz de Rey y aún no hemos deshecho el entuerto. Y quedan casos mucho más lamentables.