SE ENTIENDE por armas de destrucción masiva (weapons of mass destruction) aquéllas que, utilizando agresivos atómicos, bacteriológicos o químicos, (ABQ) estén destinados a producir daños que afecten a la vida humana en grandes proporciones y de forma indiscriminada. Desde el final de la guerra fría, con la disolución de la Unión Soviética, que tenía medios ABQ para enfrentarse a la OTAN en una guerra en gran escala, la principal amenaza fue que estos medios se dispersasen sin control y fueran a parar a manos irresponsables. Entonces se empezaron a mencionar términos como los de «proliferación de medios de destrucción masiva» que hoy están ya en la prensa. El peligro proviene de la capacidad que tienen ciertas organizaciones terroristas o estados irresponsables para adquirir tecnología y medios, no sólo ABQ, sino sus vectores de lanzamiento, que pueden ser misiles de largo alcance o bombas de pequeño tamaño para actos terroristas. La cuestión es tan grave porque afecta a la población civil por parte de incontrolados que no se someten a los tratados internacionales que regulan esta clase de armamentos. Por eso hoy, las principales potencias mundiales dedican grandes esfuerzos a vigilar y descubrir a quienes utilizan tecnología y medios de doble uso (civil y militar) para producir armas ABQ. El caso de Irak, sometido por resoluciones de la ONU a la prohibición de disponer de este tipo de armas, ha originado la tensión que estamos viviendo.