UNA RED de telecomunicación es el resultado de la interconexión en cadena de una red troncal, de gran capacidad, por la que se encamina el tráfico de larga distancia que origina cualquier comunicación, una red de distribución, que aproxima esa red troncal a nuestras ciudades, barrios y pueblos, y una red de acceso, también llamada de último kilómetro, que va desde los nodos o cabeceras locales de la red de distribución hasta nuestros hogares, centros de trabajo y lugares de ocio. Las redes troncales y de distribución modernas se construyen preferentemente con fibras de vidrio, por su gran capacidad y calidad, transmitiéndose sobre ellas haces de luz generados por láseres. En las redes de acceso, sin embargo, hay una mayor diversidad de soportes físicos debido al alto coste que tiene cablear los núcleos de población. Así, conviven las redes convencionales de telefonía basadas en pares de cobre, el cable de teléfono bien conocido por todos, en sus dos variantes de dos hilos y cuatro hilos de cobre, con otras construidas con cables coaxiales (llamados así por ser concéntricas sus capas, es decir, que comparten eje central) similares a los utilizados para las antenas de televisión, con redes que completan la fibra óptica hasta el edificio residencial o empresa, y también con redes inalámbricas que utilizan la atmósfera como medio de transmisión de las señales radioeléctricas.