RINCÓN DEL VIENTO
01 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.ESTÁN AHÍ, como un ejército numerado de atractivos señuelos demandando mi atención. Son los libros en sus anaqueles. Escribo en mis papeles prosaicos, huyendo disimuladamente de su reproche. Pero no es posible. Su enfado está más que justificado. Nos has comprado y ahora nos almacenas como fardos, a ver si algún día llega la hora de leernos y no sólo de tenernos. No sabes, insensato, lo que estás haciendo. Nosotros no hemos nacido para esto. El polvo va cubriendo nuestras páginas y hasta la encuadernación se aja de manchas y de arrugas. Nos sentimos como las odaliscas viejas cuando el sultán entra en el harén y se queda con la favorita o con la última en llegar. ¿Cuándo llegará nuestra hora? O eres imbécil o debieras saber que no hemos nacido para otra cosa que para ser leídos. Podrías regalarnos a otro con mejor disposición. Te empeñas en retenernos, aguardando un momento de atención que no llega. Nos tienes, pero no nos posees. Sólo la lectura justifica la propiedad de un libro.