FÍJENSE BIEN: yo me había prometido no escribir sobre la decisión del BNG de abstenerse en la votación en que el Congreso instó la ilegalización de Batasuna. ¿Por qué? Pues porque pese a estar en desacuerdo con esa decisión, entendí desde el principio el gran esfuerzo que supondría para el Bloque abstenerse en lugar de votar no. De hecho, uno de sus más conspicuos dirigentes, Francisco Rodríguez, explicaba con una sinceridad un tanto ingenua los motivos que le habían llevado a fijar su posición: aunque estamos completamente en contra de la iniciativa parlamentaria del PSOE y del PP -venía a decir-, no podemos permitirnos el lujo de votar no, como haríamos si gozásemos de entera libertad, pues los medios nos despellejarían acusándonos de ser los amigos de ETA y de su entorno. ¡Bonita forma de actuar! En todo caso, y fueran cuales fueran los motivos, lo cierto es que el Bloque se abstuvo en el Congreso en lugar de votar no y eso es lo relevante. El insólito apoyo del presidente de la Xunta a la decisión del BNG contribuyó a legitimar el hecho de que un partido que está cansado de condenar a ETA no impulse la ilegalización de quienes apoyan sus acciones criminales. La abstención, proclamó Fraga, está muy bien porque lo digo yo, que soy el presidente, y porque estos del Bloque son ahora mis amigos. ¡Bonita forma de actuar! Y así estaban las cosas, ante la sorpresa de varias decenas de miles de electores, cuando Xosé Manuel Beiras, como el comandante cubano a quien Beiras tanto admira, llegó y mandó parar. Recién aterrizado de la Cumbre de la Tierra, Beiras informó a todos los gallegos de que «cando nos estamos xogando o presente e o futuro do mundo, esas cousiñas só preocupan ós mediocres». ¿Esas cousiñas ? ¿Qué cousiñas , señor Beiras? ¿El comienzo de la liga? ¿La gira musical de Julio Iglesias? ¿El traspaso de Ronaldo? No señor, ¡agárrense!: esas cousiñas son las relacionadas con la ilegalización de Batasuna. La demagogia de algunos políticos es ilimitada. Lo es, de hecho comparar problemas que no guardan ninguna relación. Y es que, sin duda, las cuestiones que son objeto de discusión en la Cumbre de la Tierra resultan vitales para el futuro de la humanidad. Tan vitales como los asuntos relacionados con el fin del terrorismo para las docenas de miles de personas que lo sufren en sus carnes. Aunque, claro, eso no le pasa al señor Beiras. Puede que por ello se permita la desvergüenza intolerable de llamarnos mediocres a quienes estamos preocupados por la violencia de ETA y sus amigos. Y todo dicho a salvo -es evidente- de la mejor opinión del presidente de la Xunta.